Mientras el Caribe mexicano atrae millones de turistas, una seria crisis de salud pública se gesta tras bambalinas: Quintana Roo se mantiene firmemente como la entidad con la tasa de incidencia de VIH más alta del país. Esta alarmante situación es una constante en los boletines de vigilancia epidemiológica de la Secretaría de Salud del Gobierno Federal.
Las cifras más recientes confirman que la entidad ha registrado consistentemente la mayor proporción de casos nuevos diagnosticados de VIH por cada 100,000 habitantes.
Los datos son claros y preocupantes ya que Quintana Roo ha promediado tasas superiores a los 44 casos nuevos por cada 100 mil habitantes en los últimos años, cifra que lo sitúa muy por encima de la media nacional. Solo en 2023, la tasa fue de 47.0 casos, con 862 nuevos diagnósticos. La problemática no es homogénea. Alrededor del 88% de los casos se concentran en los municipios con mayor flujo turístico, como Cancún y Playa del Carmen.
Esta alta incidencia está intrínsecamente ligada a la dinámica socioeconómica del estado. El elevado flujo de población flotante (trabajadores migrantes y turistas nacionales e internacionales) y la intensa vida nocturna y social propician un entorno de mayor riesgo si no se acompaña de una estrategia agresiva de prevención y diagnóstico.
Con un acumulado histórico que supera los 7,700 casos de VIH y SIDA, el reto para Quintana Roo va más allá de la atención médica. Es un desafío social que toca las fibras de la prevención, la educación sexual integral y, fundamentalmente, el combate al estigma y la discriminación.
La alta incidencia indica que las campañas de prevención y el acceso a las pruebas rápidas no están siendo suficientes para frenar la transmisión. El acceso oportuno a un diagnóstico no solo salva vidas, sino que interrumpe la cadena de contagio, un principio clave en la salud pública.
La permanencia de Quintana Roo en el primer lugar nacional no es motivo de orgullo, sino una señal de alerta que exige la priorización de recursos federales y estatales para Intensificar la aplicación de pruebas rápidas en puntos estratégicos y de alta afluencia, garantizar el acceso inmediato y sin barreras al tratamiento antirretroviral para los nuevos diagnósticos y reforzar la educación sexual y las prácticas de sexo seguro, especialmente en la población joven y migrante.
