Por Víctor Campos
En Quintana Roo, la violencia contra las mujeres no es solo una estadística: es una realidad que se vive en cada barrio, en cada colonia y en cada hogar. El Banco Estatal de Datos e Información de Casos de Violencia contra las Mujeres (BAESVIM) reportó que, en el primer semestre de 2025, se registraron 9,721 casos, que derivaron en 10,846 episodios de violencia. El 99% de las víctimas son mujeres y un 7% sufrió reincidencia, es decir, fueron violentadas más de una vez en el mismo periodo.
En medio de esta crisis, autoridades estatales anunciaron recientemente un acuerdo de lucha contra la violencia de género, presentado como un esfuerzo histórico para atender la problemática. Sin embargo, las cifras del BAESVIM contradicen cualquier discurso triunfalista: mientras se firmaban compromisos y se difundían mensajes espectaculares en medios, la realidad mostraba que miles de mujeres seguían siendo violentadas cada mes.
El acuerdo, que promete coordinación interinstitucional y nuevas estrategias de prevención, nace en letra muerta. Para colectivos feministas, más que una política pública efectiva, el anuncio fue un escaparate político que buscó impulsar la imagen de una figura pública, sin traducirse en cambios tangibles para las víctimas.
Las cifras son contundentes: en promedio, 82 mujeres son violentadas diariamente en la entidad. La violencia familiar representa el 92.4% de los casos, mientras que la violencia comunitaria alcanza el 4.4%. Cancún y Playa del Carmen concentran los mayores reportes, y Cancún se mantiene entre las ciudades con más feminicidios del país.
“Yo denuncié a mi pareja tres veces, pero siempre lo dejaron libre. La última vez me golpeó frente a mis hijos. Ahora vivo escondida en casa de una amiga porque tengo miedo de que me encuentre”, relata María, una mujer de 34 años que pidió anonimato por seguridad.
“Las cifras son frías, pero detrás de cada número hay una historia de dolor. No son estadísticas, son vidas truncadas. El Estado tiene que garantizar que las mujeres podamos vivir sin miedo”, afirma Lucía Hernández, integrante del colectivo Marea Verde Caribe.
“La reincidencia es alarmante. Muchas mujeres regresan a denunciar porque los agresores siguen libres. Eso demuestra que los mecanismos de protección no están funcionando”, señala Ana López, trabajadora social en Playa del Carmen.
La violencia contra las mujeres en Quintana Roo no se limita al ámbito doméstico. El estado ocupa el primer lugar nacional en trata de personas, con una tasa de 12.64 casos por cada 100 mil mujeres. La explotación sexual vinculada al turismo y la migración ha convertido a la entidad en un foco rojo.
Organizaciones feministas y especialistas coinciden en que se requieren acciones inmediatas y sostenidas para fortalecer los refugios y centros de atención, garantizar acceso real a la justicia y sanciones efectivas contra agresores, así como implementar campañas de prevención que lleguen a comunidades rurales y urbanas y, atender la trata de personas como un fenómeno ligado al modelo económico del estado.
La violencia contra las mujeres en Quintana Roo es un problema estructural y cotidiano. Los datos del BAESVIM son un recordatorio de que detrás de cada estadística hay una mujer que merece vivir libre de miedo. El reto no es solo reducir las cifras, sino transformar una cultura que normaliza la violencia y garantizar que cada mujer pueda ejercer su derecho a una vida digna y segura.
