Chetumal, Quintana Roo. – Siete personas murieron oficialmente por descargas eléctricas en Quintana Roo entre 1998 y 2018; sin embargo, el mapa nacional elaborado por investigadores de la UNAM identifica amplias zonas de la Península de Yucatán con riesgo alto y muy alto. La vulnerabilidad de comunidades rurales y trabajadores expuestos al aire libre eleva la amenaza, mientras que especialistas advierten sobre un posible subregistro de víctimas.
Quintana Roo registra un número relativamente reducido de muertes por rayos frente a otras entidades del país, pero esa estadística no significa que el estado se encuentre fuera de peligro.
Un estudio elaborado por investigadores del Instituto de Ciencias de la Atmósfera y Cambio Climático de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) coloca a amplias regiones de la Península de Yucatán dentro de zonas con niveles alto y muy alto de riesgo ante descargas eléctricas, al combinar la frecuencia de tormentas con las condiciones de vulnerabilidad social de la población.
El contraste resulta significativo: mientras los registros oficiales de la Secretaría de Salud contabilizaron siete defunciones por rayos en Quintana Roo entre 1998 y 2018, el modelo desarrollado por la UNAM advierte que el riesgo territorial puede ser considerablemente mayor de lo que refleja el número histórico de víctimas.
El estudio, elaborado por Alejandro Jaramillo Moreno y Christian Domínguez Sarmiento, analizó las muertes registradas por descargas eléctricas en México y posteriormente construyó un mapa municipal de riesgo. Para ello, los investigadores combinaron el peligro físico —determinado por la frecuencia de actividad eléctrica— con indicadores de vulnerabilidad social.
La investigación amplió el periodo de análisis hasta 2021 y encontró 2 mil 573 fallecimientos por rayos en el país entre 1998 y 2021, de acuerdo con el artículo científico publicado en Weather, Climate, and Society. Sin embargo, Quintana Roo no figura entre las entidades que concentraron las mayores cifras absolutas de víctimas. Esta circunstancia podría generar una falsa percepción de seguridad.
Uno de los principales aportes del estudio es precisamente demostrar que el número histórico de defunciones no es suficiente para determinar el nivel de riesgo. Los investigadores consideran dos componentes: la cantidad de actividad eléctrica y la vulnerabilidad social existente en cada municipio.
El resultado muestra que 82.1 por ciento de los eventos mortales registrados en México ocurrió en municipios clasificados dentro de los niveles de riesgo alto o muy alto. La Península de Yucatán aparece entre las regiones donde se extienden áreas con esos niveles de riesgo.
El estudio considera zonas con más de un centenar de días al año con actividad eléctrica. Por ello, la ausencia de Quintana Roo entre los estados con mayor número de fallecimientos no equivale a una ausencia de peligro. Los investigadores encontraron que alrededor de la mitad de las víctimas tenía entre 10 y 35 años, mientras que una proporción importante de los fallecidos correspondía a hombres dedicados a labores del campo. Esto coloca bajo especial exposición a trabajadores agrícolas, forestales y otras personas que desarrollan actividades al aire libre.
Los datos disponibles de CENAPRED, construidos a partir de los registros de la Secretaría de Salud, contabilizan siete muertes por rayos en Quintana Roo durante 1998-2018. Pero los propios investigadores reconocen que las estadísticas pueden presentar subregistro, particularmente en comunidades rurales.
La causa es comprensible: para que una muerte quede correctamente clasificada como consecuencia de una descarga eléctrica debe existir un registro médico y administrativo adecuado. En zonas apartadas, las condiciones de acceso a los servicios y las dificultades para determinar la causa exacta pueden provocar que algunos casos no sean identificados de esa manera.
