Hay proyectos turísticos… y hay proyectos que revelan cómo funciona realmente el poder. “Perfect Day”, el megaproyecto de Royal Caribbean Group en Mahahual, ya no es solo un debate ambiental. Es un mapa político. Un mapa donde los mismos nombres que ayer autorizaban permisos, hoy diseñan estrategias para las empresas que deben ser reguladas.
Y en ese cruce —entre gobierno, partido y negocio— aparece una palabra incómoda…infiltración.
Del escritorio público al negocio privado como el caso de Carlos Llorens Cruset no es menor. Inhabilitado tras su paso por SEMARNAT por otorgar permisos irregulares, hoy reaparece como asesor ambiental del mismo tipo de proyectos que antes debía vigilar. Su trayectoria —incluyendo su defensa ambiental del Tren Maya— no lo posiciona como garante ecológico, sino como operador técnico de megaproyectos.
A su lado, Ari Adler Brotman, exfuncionario estatal, da el salto directo al corazón del proyecto. Sobre él pesa una denuncia por posible uso de información privilegiada tras haber supervisado desarrollos en la misma zona que ahora explota la iniciativa privada. No es coincidencia. Es patrón.
Organizaciones como Sélvame MX lo han dicho con claridad «la empresa no está contratando expertos, está reclutando historiales funcionales al negocio». El proyecto ya arrastra señales de alerta institucional luego que un juzgado federal frenó cambios de uso de suelo por riesgo ambiental y la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente clausuró obras por actividades sin autorización.
Investigaciones periodísticas señalan aceleración de permisos con posibles vicios legales. Cuando las leyes se doblan, alguien está empujando, y es aquí es donde la historia se vuelve más incómoda porque en Quintana Roo, el Partido Verde Ecologista de México ha operado durante años como bisagra del poder turístico.
No es un secreto, su base política está profundamente vinculada al modelo de desarrollo inmobiliario y hotelero del Caribe. Hoy, muchos de esos cuadros no desaparecieron: migraron, se integraron a Morena bajo nuevas banderas, pero conservando redes, operadores y lógica de negocio. El resultado es un fenómeno conocido en política, continuidad sin cambio, mismos perfiles técnicos, mismas relaciones empresariales, nuevos colores partidistas
En el caso de “Perfect Day”, fuentes y activistas señalan que estos cuadros —antes identificados con el Verde— están presentes en los procesos de facilitación administrativa, gestión territorial e interlocución política del proyecto, no siempre con cargo visible. Pero sí con influencia real.
El problema no es solo quién participa, sino cómo se justifica. El discurso oficial sigue una fórmula conocida en desarrollo sostenible, inversión responsable y turismo regenerativo, pero en campo, lo que se observa es otra cosa: Manglares intervenidos, obras en zonas clausuradas, evaluaciones cuestionadas y detrás, operadores con historial de flexibilizar la ley ambiental.
El laboratorio del nuevo modelo de la Industria Extractiva en Mahahual no es Cancún. No es Playa del Carmen. Es —o era— una frontera ecológica, por eso importa tanto lo que ocurra aquí , porque si “Perfect Day” se consolida bajo este esquema, se normaliza la puerta giratoria, se legitima la captura regulatoria, se institucionaliza el modelo PVEM infiltrado en Morena como operador del turismo y entonces ya no será un caso. Será un precedente.
En política ambiental, las decisiones no se anuncian: se construyen en silencio. “Perfect Day” promete un paraíso turístico, pero lo que realmente está diseñando es otra cosa, un sistema donde el poder se recicla, la ley se negocia y y la ecología… se vuelve narrativa.
La pregunta no es si el proyecto se hará. La pregunta es: ¿Quién lo está haciendo posible… y para quién? (Por Salvador Trujillo)
