Kantunilkín, Quintana Roo.– Lo que inició como una serie de oficios ignorados y peticiones en el vacío terminó este día en un colapso vial. Autoridades comunitarias de la zona sur del municipio de Lázaro Cárdenas cumplieron sus advertencias y cerraron el acceso principal a la cabecera municipal, exigiendo que el alcalde Josué Nivardo Mena Villanueva pase de las promesas de campaña a la ejecución de obras.
Desde las primeras horas de hoy, delegados y subdelegados —el eslabón más cercano a la ciudadanía pero el más ignorado por la burocracia— instalaron un retén humano y vehicular. La medida de presión dejó varados a transportistas y particulares, evidenciando la fragilidad de la comunicación entre el Ayuntamiento y sus comunidades rurales.
Las exigencias son claras y recurrentes. Deficiencia en servicios públicos: Alumbrado inexistente y recolección de basura irregular. Crisis de infraestructura: Caminos sacacosechas y calles internas en estado de abandono. Falta de apoyos sociales: Ausencia de programas básicos que mitiguen la pobreza en la zona sur.
El conflicto actual no es un hecho aislado, sino el síntoma de una desconexión estructural. Resulta paradójico que un municipio que alberga joyas turísticas de talla mundial como Holbox, mantenga a su zona sur —el motor agrícola y social de la región— en condiciones de marginación.
«Hemos intentado el diálogo hasta el cansancio, pero las puertas del Ayuntamiento parecen cerradas para el sur», señalaron los manifestantes.
La administración de Nivardo Mena enfrenta un cuestionamiento serio sobre sus prioridades presupuestales. El uso del bloqueo de vías como último recurso habla de una ruptura en los canales institucionales de negociación. Cuando la política falla en las oficinas, se traslada a las carreteras, afectando a terceros y poniendo en jaque la gobernabilidad del municipio.
Históricamente, el municipio de Lázaro Cárdenas ha sufrido una división marcada: un norte volcado al turismo masivo y un sur agrícola que se siente utilizado únicamente en tiempos electorales. Los delegados presentes en la protesta recalcaron que la «atención ciudadana» de la que presume el gobierno municipal no ha cruzado los límites de la cabecera hacia las comunidades más alejadas.
Hasta el momento, el bloqueo permanece activo. La postura de los delegados es firme: no habrá paso hasta que exista una mesa de trabajo con soluciones vinculantes, no solo promesas de «revisión de presupuesto». Mientras tanto, Kantunilkín permanece sitiado por la indignación de sus propios representantes.
