Por Víctor Campos
En las últimas semanas, la presidenta Claudia Sheinbaum ha endurecido el discurso sobre la disciplina interna de Morena y sus aliados. Tras varios episodios de confrontación pública, designaciones polémicas y operadores que actuaban con agenda propia, el mensaje desde Palacio Nacional fue claro: se acabó el descontrol político. La instrucción es alinear a los gobiernos estatales y municipales con los principios de austeridad, lealtad y resultados, y quien no quepa en esa ruta, tendrá que hacerse a un lado.
Quintana Roo es el primer ejemplo visible de ese “golpe de timón”. Un estado gobernado por Morena desde 2022, con presencia fuerte del Partido Verde y del PT, pero también con una clase política local que creció al amparo de acuerdos pragmáticos más que de militancia ideológica. Ahí, la mezcla de intereses empresariales, turismo y poder ha generado un gabinete diverso, pero también cuestionado por su falta de cohesión con el proyecto federal.
La frase que ya circula en los pasillos del Palacio de Chetumal es lapidaria: «Se va a tener que vaciar medio gabinete”. No es exageración. La revisión de perfiles alcanza a secretarías clave donde la presidenta ha detectado dos cosas: Funcionarios más cercanos a grupos locales que a la línea federal, y áreas sin resultados medibles en seguridad, obra pública y bienestar.
Los nombres que se mencionan son solo la punta del iceberg, pero marcan el tono: Pablo Bustamante y Oscar Rébora, vinculados a carteras sociales y de desarrollo, donde la operación territorial ha sido más clientelar que programática. Carlos Flavio Rosado y Erick Arcila, perfiles ligados a comunicación y juventud, señalados por usar el aparato para posicionamiento personal y no para defender la narrativa de la 4T.
Se cierra la válvula de la improvisación: Durante el primer tramo del sexenio estatal, se toleró la incorporación de cuadros “rentables” electoralmente, aunque ideológicamente ajenos. Sheinbaum corta esa vía. El mensaje es que el acceso al gabinete ya no se compra con estructuras, sino con lealtad y eficacia.
El Partido Verde bajo la lupa: Muchos de los perfiles en la mira vienen de las cuotas del Verde. El alto de la Presidenta de México también es un alto a la idea de que los aliados pueden cogobernar sin alinearse. En Quintana Roo, donde el Verde tiene peso real por el turismo y los municipios, esto reconfigura el pacto.
Riesgo y oportunidad: Vaciar medio gabinete a mitad del camino puede generar parálisis administrativa si no hay reemplazos con experiencia. Pero también es la única forma de evitar que el gobierno estatal llegue desgastado al 2027. Sheinbaum apuesta a limpiar la casa antes de que el desorden se vuelva escándalo.
El movimiento de la presidenta no es solo disciplinario, es estratégico. Necesita gobernadores y gabinetes que no compitan con su narrativa, sobre todo en estados vitrina como Quintana Roo, donde turismo, seguridad y migración son temas nacionales. La purga que viene no será tersa, habrá reclamos de los grupos desplazados, pero deja una lección: en esta etapa de la 4T, la pertenencia política se demuestra con obediencia y resultados, no con membretes.
Lo que sigue en Chetumal será termómetro de qué tan en serio va el alto de Sheinbaum. Si el vaciado se queda en nombres menores, será simulación. Si toca las áreas de dinero y poder real, entonces sí hablamos de un nuevo pacto político.
