Nico Lizama
Soplan nuevos aires por estos rumbos. Este es un San Caralampio sin concesiones. Son tiempos de “hazte a un lado que ahí te voy”.
Se han sepultado esos tiempos en que el barniz democrático exigía, en un gesto de misericordia, proporcionarle tantito oxígeno a la oposición por más moribunda que estuviera.
Y si eso implica triturar a los ya hediondos restitos de oposición que aún quedan, que caray, pues se le pasa la aplanadora encima hasta hacerlo trizas por completo.
Este domingo, la maquinaria del partido en el poder se activó en ese sentido.
De pronto dijeron: “no somos noticia, es hora de remediarlo”.
Y ¡zaz!, que se suben al escenario.
Y se volvieron noticia de inmediato, aunque no tan buena como esperaban.
La vox pópuli -poco quiere- puso a desplegar todo el ingenio que los distingue en referencia a tan insigne evento político.
Llamó la atención un extraordinario texto que circuló profusamente en donde, ante tanto dislate, a la dirigencia partidista les llaman dirigentes de caricatura.
Cosa en la que este texticulero está en completo desacuerdo.
¿Qué culpa tiene la caricatura de ser comparada a tan precario nivel?.
Otra cosa es que de ellos se pueda hacer caricatura. Ahí sí, ni quien diga nada.
Y hay motivos más que suficientes para darle vuelo al lápiz y a la pluma.
Y es que, como detalle digamos curioso, juegan a todo y poco es lo que les sale al dedillo.
Juegan a ser berrinchudos y viene cualquiera de los “panes grandes” y los aplaca con un simple gesto (ni necesidad tiene de hablar para imponer su “santísima” autoridad).
Juegan a ser políticos y terminan como simples porristas de quinto nivel fotografiándose en el estadio del Real Madrid.
Juegan al Maquiavelo para llevarse todas las “canicas” y de pronto los “santificados”, ¡plop! (Léase ex priístas y ex panistas) ya tienen la mayoría en su bolsillo.
Juegan a alebrestarse y sacar a flote su dignidad los militantes fundadores, los llamados “puros”, y con dos o tres jalones de orejas les hacen entender que la dignidad a veces es más frágil que un castillo levantado en la arena.
El chiste es que al final, con su magno evento, los dirigentes dieron más tema para los criticones que para los aplaudidores.
