Por Víctor Campos*
El 8 de octubre de 2025, el Congreso del Estado de Quintana Roo celebró el aniversario de la entidad con una “Sesión Solemne” que, lejos de ser un acto de unidad y orgullo colectivo, se convirtió en una postal de exclusión. Las puertas del recinto legislativo se cerraron al pueblo, como si la ciudadanía fuera una amenaza para el protocolo, y no la razón misma de su existencia.
Mientras los funcionarios se aplaudían entre sí y posaban para la foto oficial, afuera quedaban los verdaderos protagonistas de la historia quintanarroense: sus habitantes. Rejas, guardias y negativas recibieron a quienes acudieron con la esperanza de presenciar el acto. “¡Qué ironía! Celebran el nacimiento del estado, pero le niegan la entrada a su gente”, se escuchó entre los asistentes frustrados.
La escena no solo fue simbólica: fue reveladora. En un país donde la democracia aún lucha por consolidarse, cerrar las puertas del Congreso en una fecha tan significativa es más que un desliz logístico. Es una declaración de principios. Y no precisamente los que se escriben en las constituciones.
Las redes sociales se llenaron de críticas. Usuarios calificaron el evento como una muestra de soberbia institucional y desconexión con la realidad. “Transparencia con cerrojo y alfombra roja”, resumió uno. Y es que mientras la gobernadora Mara Lezama y el Congreso presumían en sus cuentas oficiales un evento “histórico”, omitían convenientemente que el pueblo fue excluido.
¿Celebrar a quién?
La pregunta que flota en el aire es incómoda pero necesaria: ¿de qué sirve celebrar a Quintana Roo si al pueblo se le deja afuera? La respuesta parece tan clara como el cristal de las copas con las que brindaron los invitados. Porque cuando el poder se celebra a sí mismo en privado, lo que se conmemora no es la historia compartida, sino el privilegio de unos pocos.
El Congreso no es un salón de fiestas. Es la casa del pueblo. Y cada vez que se le cierra la puerta a la ciudadanía, se erosiona un poco más la confianza en las instituciones. Si el aniversario de Quintana Roo no puede ser compartido con quienes lo habitan, entonces no es una celebración: es una simulación.
* Víctor Campos es un periodista con más de 30 años en la actividad, desempeñando diversos puestos en periódicos de la entidad como Diario de Quintana Roo y Por Esto, así como medios digitales como Informativo Quintana Roo. Ha participado en la administración pública estatal y municipal con puestos directivos relacionados con la comunicación social, por lo que conoce también el entramado de la gestión pública. Actualmente desarrolla proyectos de comunicación propios en radio y televisión.
