Por Víctor Campos
El nacimiento de «Fuerza del Sur» no es una coincidencia, es una consecuencia. Durante décadas, el sur de Quintana Roo ha sido el «patio trasero» de un estado que solo tiene ojos para el norte. Mientras el dinero fluye en el Caribe Mexicano, en Othón P. Blanco, Bacalar, Morelos y Carrillo Puerto lo único que fluye es el discurso de la «esperanza» que no llega a la mesa de los ciudadanos.
La declaración de Russel Pacheco y su equipo es un golpe directo al mentón de la clase política actual. Al hablar de una población «depreciada» y de gobiernos que solo ven «votantes de coyuntura», la Fuerza del Sur pone el dedo en la llaga: la dependencia clientelar.
¿Es este el nacimiento de una nueva fuerza política? Aunque se dicen «sin filiación», el lenguaje de «contrapeso» y la apertura a «alianzas» sugiere que los partidos tradicionales ya tienen un nuevo interlocutor —o un nuevo adversario— que conoce el territorio.
Si logran amalgamar la riqueza agropecuaria e industrial con el hartazgo ciudadano, este bloque podría ser quien defina el rumbo de las próximas elecciones en la capital y la zona maya. El mensaje es claro: el sur ya no quiere ser la clientela de nadie; quiere ser el dueño de su propio proyecto.
