El fallecimiento de Jesús Martínez Ross, primer gobernador Constitucional de Quintana Roo, debió ser ocasión para un homenaje de Estado: sobrio, solemne, con el peso histórico que corresponde a quien sentó las bases de la entidad federativa más joven del país. Sin embargo, el último adiós resultó indigno de su talla y dejó al descubierto no sólo la desmemoria institucional, sino la falta de oficio político de los Poderes locales.
La ausencia institucional más notoria fue por parte de la titular del Ejecutivo estatal, que omitió un gesto elemental de respeto: La bandera de Quintana Roo no fue izada a media asta ni en el Palacio de Gobierno, y mucho menos en los edificios públicos. Esa señal de luto, que debió surgir de manera natural como iniciativa de la gobernadora Mara Lezama Espinosa, nunca llegó. Con ello, se negó a la ciudadanía y a la historia un símbolo que enmarca el reconocimiento a la piedra angular de la construcción quintanarroense.
No menos cuestionable es la actuación del Poder Legislativo. La XVIII Legislatura —dominada por 13 diputados de Morena, 5 del Partido Verde y 3 del Partido del Trabajo— decidió despedir a Martínez Ross en el vestíbulo del Congreso, al pie del mural Forma, Color e Historia de Quintana Roo, donde aparece la figura del propio exgobernador. Un espacio digno para una visita guiada, no para un tributo de Estado. El lugar que le correspondía era el Salón de Plenos, con las Constituciones Política del Estado y de la República flanqueando el féretro, como corresponde a quien inauguró la vida constitucional de Quintana Roo.
El contraste es inevitable. Cuando fallecieron figuras de la llamada Cuarta Transformación, como el diputado Maximiliano Ruiz Arias, sin hablar siquiera de Ifigenia Martínez o Porfirio Muñoz Ledo, los homenajes fueron amplios, institucionales, de cuerpo presente en los recintos de mayor relevancia.
Aquí, en cambio, el último adiós a Martínez Ross en el vestíbulo legislativo puso de relieve que la mayoría guinda, verde y roja maneja el Congreso como si fuera una playa privada de la Riviera Maya, un coto que, abusando de su hegemonía, administran como la mayor propiedad ganadera del planeta: La australiana S. Kidman & Co.
La omisión del PRI es igualmente reveladora. El partido que dominó la política quintanarroense por 42 años, gracias al banderazo inicial de Martínez Ross, ni siquiera organizó un homenaje de altura a quien fue su primer y más emblemático mandatario. Esa indiferencia redondea la ingratitud de una clase política que parece empeñada en olvidar de dónde viene.(Fuente: Hechosdigital.mx/Elder Vega Martìnez)
