Por Víctor Campos
Mientras el Caribe Mexicano continúa consolidándose como un motor económico y turístico, las cifras de salud revelan una realidad distinta para quienes habitan la entidad. Según el más reciente informe del INEGI sobre las Estadísticas de Defunciones Registradas (EDR), Quintana Roo se ha posicionado en el octavo lugar nacional en tasa de defunciones ocurridas por cada 100,000 habitantes durante la primera mitad de 2025.
Con una tasa de 321 defunciones por cada 100,000 habitantes (en muertes ocurridas y registradas en el mismo periodo), el estado enfrenta desafíos críticos en materia de salud preventiva. A nivel nacional, la tendencia es clara: el corazón de los mexicanos está fallando. Las enfermedades del corazón siguen siendo la principal causa de muerte, cobrando casi 96 mil vidas en el país, seguidas de cerca por la diabetes mellitus y los tumores malignos.
Esta «triada de enfermedades crónicas» refleja la urgente necesidad de fortalecer los programas de salud comunitaria en el estado, donde el estilo de vida y el acceso a diagnósticos tempranos juegan un papel determinante en la supervivencia de la población.
Detrás de los números hay historias de familias que pierden a sus pilares. El reporte destaca que la vulnerabilidad aumenta drásticamente con la edad. En Quintana Roo, al igual que en el resto del país, el riesgo de fallecer se dispara significativamente al cruzar la barrera de los 45 a 54 años.
Además, la brecha de género es evidente: los hombres representan el 55.7% de las defunciones, mientras que las mujeres el 44.2%. Este dato sugiere que los varones en edad productiva podrían estar postergando el cuidado de su salud o enfrentando mayores riesgos en su entorno cotidiano.
Un llamado a la acción social
El hecho de que Quintana Roo figure en los primeros diez lugares de mortalidad (en relación con su población) es una señal de alerta para las autoridades y la sociedad civil. No se trata solo de cifras de «defunciones», sino de un indicador de bienestar.
Expertos sugieren que el reto para la entidad no es solo atraer inversión, sino garantizar que sus habitantes lleguen a la vejez con calidad de vida. La prevención de enfermedades crónicas y la atención a la salud masculina se perfilan como las prioridades sociales más urgentes para lo que resta del año.
